La historia del 14

Saludos helenísticos lectores, hoy os traigo una historia. Que esto debería ir a mi otro blog, pero debido a que está más bien muerto, pues lo escribo aquí. Y punto.

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Me despierto. Hoy es miércoles 14. Son las ocho de la mañana. No voy a clase.

La excursión ha sido la excusa perfecta para quedar con Esther. Son las nueve de la mañana. Salgo de casa, rumbo al Metro, estación de Manuel Hidalgo. La veo. Aún no me puedo creer la suerte que tengo de estar quedando con Esther. Esa maldita chica rubia con los ojos más bonitos jamás vistos por un servidor.

Vamos a mi casa. Sé lo que pensaréis, no es algo muy romántico. Parece una propuesta indecente. Paciencia.

Entramos, vemos a mi Beagle, Trueno. Digo que se acomode y me voy a prepararlo todo. Con una bolsa de pétalos de rosa en la mano izquierda, y dos cajas de velas en la mano derecha me acerco a mi habitación. Al fondo de mi casa.

Esparzo los pétalos desde mi cama hasta la puerta que tiene retenida a mi primer amor. Terminada esta ardua tarea coloco las velas en paralelo con los pétalos. Una fila a la izquierda y otra fila, a la derecha.

Escribo dos post-it. Uno en la puerta de mi habitación, con la leyenda de “Cierra la puerta”. El otro encima de mi cama, con la leyenda de “Te has equivocado, date la vuelta”. Me escondo en la habitación contigua a la mía. Llamo a Esther y pongo Everytime we touch. Escucho cómo va paseando, descalza, sobre los pétalos, mientras la romántica música suena. Abre la puerta. La cierra. Y una eterna espera comienza. Espero al otro lado de la puerta, ansiando el momento en el que salga de la habitación. Todo llega. La miro a los ojos, temblando y cito, como si de una frase célebre se tratara “¿Quieres salir conmigo?”. Ella llora. Ella me abraza. Ella me besa. Ella me quiere.

En ese mismo momento, 14 de Mayo, comienza mi andadura por las nubes.

Todo es perfecto. Ella es perfecta. Pero todo lo bueno suele paralizarse por culpa de un idiota. Ese fui yo.

15 de Julio. Poco después de los dos meses cometí un error. Un terrible error que jamás olvidaré. La fallé.

Es en ese preciso momento cuando Cupido me expulsa de las nubes. Caigo desde todo lo alto. Voy bajando, herido pero no muerto. Acabo debajo del mundo, con éste a cuestas.

“Me has fallado” Esas palabras martillean mi cerebro como mil insultos, cien desprecios y diez rechazos.

El tiempo pasa y sé que el camino será difícil. Será el mayor reto de toda mi vida. Pero llegaré a ese oasis que es su perdón.

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Y esto ha sido todo, por hoy.

PD: Sean felices.

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